

Hay lugares que se entienden desde un mirador y otros que necesitan tiempo. Boumort pertenece al segundo grupo. Para empezar a comprender esta parte del Prepirineo hay que recorrer sus pistas, entrar en los bosques, caminar junto a las paredes de roca, detenerse cuando una silueta cruza una ladera y levantar la vista cuando los buitres comienzan a girar sobre los barrancos.La Reserva Nacional de Boumort ocupa un territorio amplio y poco urbanizado entre el Pallars Jussà, el Pallars Sobirà y l’Alt Urgell.
En pocos kilómetros pasa de carrascales y laderas secas a pinares, prados de altura, barrancos profundos y cumbres que superan los 2.000 metros. Pero reducir Boumort a sus paisajes sería quedarse a medias: bajo nuestros pies hay antiguos fondos marinos, en las rocas aparecen fósiles de organismos desaparecidos hace millones de años y entre los bosques sobreviven las huellas de pueblos, ermitas y caminos utilizados durante siglos.
También es uno de los grandes territorios de fauna salvaje del Prepirineo. Ciervos, corzos, rebecos, jabalíes y numerosas aves rapaces viven aquí, y en otoño la berrea del ciervo en Boumort transforma durante unas semanas el ritmo de la montaña. Boumort puede recorrerse a pie, en vehículo 4×4 o combinando ambas formas. La elección depende de la época del año, las condiciones de las pistas, el tiempo disponible y, sobre todo, de qué parte del territorio se quiera conocer.

Su nombre oficial es Reserva Nacional de Caça de Boumort (RNC de Boumort). Fue creada en 1991 y ocupa 13.097 hectáreas del Prepirineo occidental catalán. El espacio se extiende por cuatro municipios pertenecientes a tres comarcas: Conca de Dalt y Abella de la Conca, en el Pallars Jussà; Baix Pallars, en el Pallars Sobirà; y les Valls d’Aguilar, en l’Alt Urgell.
Dentro de sus límites encontramos varias sierras dispuestas entre los valles de la Noguera Pallaresa y del Segre. Las más representativas son la serra de Boumort, que da nombre a la reserva, la serra de Carreu, la serra de Cuberes y la serra de Batsacans. El punto culminante es el Cap de Boumort, de 2.077 metros.
El término «Reserva Nacional de Caza» puede resultar extraño para quien llega buscando naturaleza y observación de fauna. Sin embargo, la función de una RNC es más amplia que la actividad cinegética. Boumort se creó para conservar y gestionar las poblaciones de animales silvestres y los ecosistemas de los que dependen, al mismo tiempo que regula determinados aprovechamientos del territorio.
Buena parte del espacio pertenece además a terrenos públicos y está integrada en el sistema de espacios naturales protegidos de Cataluña. Esto no significa que sea un parque acondicionado con carreteras asfaltadas, centros de visitantes a cada pocos kilómetros o itinerarios urbanos. Al contrario: una de las características que define Boumort es precisamente su carácter de montaña, las grandes distancias y una red de pistas forestales cuyo estado puede cambiar con la meteorología y la estación.

Boumort ocupa un extenso territorio de bosques, pastos, barrancos y relieves calcáreos del Prepirineo.
Boumort se sitúa en una zona de transición. Hacia el norte aparecen progresivamente los ambientes pirenaicos; hacia el sur, el paisaje adquiere un carácter claramente prepirenaico y mediterráneo. Esa posición, unida a una gran diferencia de altitudes y orientaciones, explica buena parte de su diversidad.
Las solanas pueden ser secas, pedregosas y cubiertas de carrasca, enebros y matorral. A pocos kilómetros, una umbría conserva pinares densos. Más arriba aparecen bosques de pino negro y, en las cotas culminantes, prados expuestos al viento y a la nieve.
El relieve tampoco permite hablar de una sola «Sierra de Boumort» como si se tratara de una montaña aislada. El territorio está formado por una sucesión de crestas, plataformas, valles, barrancos y paredes calcáreas. Entre unas zonas y otras hay grandes diferencias de orientación y altitud, y a veces una pista necesita muchos kilómetros para comunicar dos puntos que en el mapa parecen cercanos.
Esta estructura convierte Boumort en un lugar especialmente apropiado para combinar recorridos. Un día puede transcurrir principalmente por pistas y miradores; otro, por senderos bajo grandes paredes; y otro puede empezar en un bosque y acabar en una cota desde la que se distinguen buena parte de las sierras del Pallars.

Desde las zonas altas se aprecia bien la complejidad del relieve de Boumort: crestas, barrancos, estratos inclinados y pequeños valles.
El origen del topónimo no está completamente cerrado. Entre las interpretaciones estudiadas por Joan Coromines aparece la relación con expresiones antiguas que acabarían dando la forma Bou Mort, literalmente «buey muerto».
La explicación se ha relacionado tradicionalmente con un territorio donde la ganadería, los desplazamientos de rebaños y el aprovechamiento de los pastos tuvieron durante siglos un enorme peso. Conviene, sin embargo, tratarla como hipótesis etimológica y no como una historia perfectamente documentada sobre un buey concreto.
Lo que sí sabemos es que el paisaje de Boumort no puede separarse de su pasado ganadero. Muchos claros, caminos, bordas, prados y antiguos asentamientos que hoy interpretamos como parte del paisaje natural tienen detrás siglos de presencia humana.
Una de las mejores formas de mirar Boumort es imaginar que sus montañas son un libro abierto. No porque sea necesario saber geología para disfrutarlas, sino porque muchas de las formas que vemos durante una excursión tienen una explicación sorprendentemente visible.
En la reserva predominan dos grandes tipos de roca que cuentan momentos muy diferentes de su historia: las calizas y margas de origen marino, frecuentes en Carreu, Sant Corneli o el propio Cap de Boumort, y los conglomerados, formados por cantos y sedimentos transportados por antiguos ríos y torrentes.
Hace más de cien millones de años no existía el paisaje que vemos hoy. Una parte de este territorio estaba ocupada por el mar. En sus fondos se acumulaban carbonatos y sedimentos que con el tiempo acabarían transformándose en las calizas y margas que ahora forman muchas de las paredes y laderas de Boumort y Carreu.
La afirmación resulta difícil de imaginar hasta que aparece un fósil marino dentro de una roca situada a más de mil metros de altitud. Entonces el paisaje cambia de escala: caminar por Boumort significa, en muchos lugares, caminar sobre antiguos fondos marinos que fueron elevados junto con los Pirineos.
Entre los habitantes de aquellos mares estaban los rudistas, unos moluscos bivalvos hoy extinguidos. Muchos tenían una forma muy diferente a las conchas que asociamos actualmente con los bivalvos: una de sus valvas podía adquirir aspecto cónico y quedar fijada al fondo, mientras la otra funcionaba como una especie de tapa.
Algunas especies vivían agrupadas y formaban auténticas bioconstrucciones. Durante parte del Cretácico fueron importantes constructores de arrecifes, ocupando un papel ecológico que hoy asociamos sobre todo a los corales. Había ejemplares pequeños y otros que podían alcanzar tamaños sorprendentes.
Desaparecieron al final del Cretácico, hace unos 66 millones de años, durante la gran crisis biológica en la que también desaparecieron los dinosaurios no avianos.
El paisaje volvió a cambiar cuando la dinámica de las placas Ibérica y Euroasiática comenzó a comprimir los materiales acumulados durante millones de años. Los sedimentos marinos se deformaron, se plegaron y terminaron elevados.
Por eso en Boumort vemos estratos que ya no están horizontales. En zonas como Carreu, enormes paquetes de roca aparecen claramente inclinados. No son simplemente «rayas» decorando una montaña: son antiguos niveles sedimentarios que han sido levantados y deformados durante la construcción de los Pirineos.
Mientras las montañas se elevaban, la erosión actuaba sobre ellas. Ríos y torrentes arrancaban fragmentos de roca, los transportaban y los depositaban en las cuencas próximas.
Durante millones de años llegaron a acumularse enormes espesores de materiales gruesos. De ellos nacieron los conglomerados que hoy forman relieves tan reconocibles como el Roc de Pessonada o el Roc de Santa.
En algunos sectores, estas acumulaciones alcanzaron más de un kilómetro de espesor. Es decir, hubo momentos en los que grandes depresiones y relieves quedaron literalmente rellenados por los productos de erosión de las montañas jóvenes.
El trabajo no terminó ahí. El agua, el hielo, los cambios de temperatura y la gravedad fueron excavando nuevamente el territorio. Los materiales blandos retrocedieron más rápidamente; los resistentes quedaron en resalte. Así aparecieron barrancos, paredes, crestas y formas triangulares que todavía hoy permiten seguir visualmente la disposición de los estratos.
La naturaleza calcárea de muchas rocas favoreció además el desarrollo del karst. El agua penetra por fisuras y lentamente disuelve la roca, creando lapiaz, cavidades, surgencias, pequeñas depresiones y grandes balmas.

Las formas actuales de Boumort son el resultado de millones de años de levantamiento, fracturación y erosión.
La relación entre roca y vida humana resulta especialmente clara en Espluga de Cuberes. En esta zona, la erosión y el karst desarrollados en los conglomerados crearon una gran balma. Mucho después, las personas utilizaron ese abrigo natural para construir un asentamiento protegido por la propia pared.
El resultado es uno de los rincones más singulares del entorno de Boumort: un conjunto troglodítico donde todavía pueden reconocerse muros, estancias y la ermita de Santa Coloma.
Hoy se puede conocer mediante la ruta guiada al pueblo abandonado de Espluga de Cuberes, que combina aproximación en 4×4 y senderismo.

En lugares como Espluga de Cuberes, la propia geología proporcionó abrigo y condicionó directamente la forma de asentamiento humano.
Las rocas de Boumort no conservan únicamente la forma de antiguos paisajes. También contienen restos de los organismos que vivieron en ellos.
En las calizas y margas del Cretácico Superior de las sierras de Carreu y Boumort se han identificado ammonites, inocerámidos, braquiópodos, ostréidos, esponjas, corales, rudistas y equinoideos. Juntos permiten reconstruir diferentes ambientes del antiguo mar.
Uno de los fósiles más reconocibles es Micraster, un género extinguido de erizos de mar. Sus caparazones fosilizados tienen una característica forma que recuerda a un corazón.
Estos animales vivían enterrados en el sedimento del fondo marino, circunstancia que favoreció su fosilización. Hoy son además un buen ejemplo de por qué la conservación geológica importa: en determinadas zonas cada vez resulta más difícil encontrarlos debido a la extracción realizada durante años.
La historia no acaba con el antiguo mar. En el entorno del Roc de Santa existe un importante yacimiento de mamíferos del Eoceno conservado en rocas originadas en antiguos ambientes lacustres.
Hace aproximadamente 37 millones de años, el territorio que hoy asociamos a Boumort estaba habitado por tortugas, lagartos, roedores, marsupiales, carnívoros primitivos y antepasados de los caballos. El registro paleontológico incluye además restos de varios géneros de pequeños primates.
Es una de esas informaciones que cambian nuestra percepción del lugar: Boumort fue mar, después formó parte de una cordillera en crecimiento y, en otros momentos de su historia, albergó también paisajes de lagos.
Cuando contemplamos grandes extensiones de bosque y roca es fácil imaginar Boumort como un territorio que siempre estuvo vacío. No fue así.
Durante siglos estas montañas se aprovecharon para la ganadería, los pastos, la madera, pequeños cultivos y otros recursos de montaña. Caminos que hoy usamos para hacer senderismo comunicaban casas, bordas, ermitas y pequeños núcleos habitados.
El progresivo despoblamiento del mundo rural dejó muchos de esos lugares vacíos. Sus ruinas siguen repartidas por el paisaje y forman una parte inseparable de la experiencia de Boumort.
Cuberes, Espluga de Cuberes, Solduga y Herba Savina son algunos de los nombres que ayudan a reconstruir aquella geografía humana. En otros lugares quedan ermitas, paredes de piedra seca, antiguos campos y restos de construcciones que solo se distinguen cuando sabemos qué buscar.

Muros, viviendas y antiguos espacios habitados recuerdan que Boumort fue durante siglos también un territorio de trabajo y vida cotidiana.
Espluga de Cuberes muestra especialmente bien esa unión entre naturaleza y ocupación humana. Las viviendas aprovechan una enorme cavidad de la roca; desde el interior se abre la vista hacia barrancos y montañas, el mismo paisaje que contemplaron sus habitantes.

El paisaje visto desde una balma habitada permite entender hasta qué punto roca, refugio y vida humana estaban unidos.
Una excursión por Boumort también puede combinarse con la visita a Herba Savina, un antiguo pueblo del Pallars Jussà situado entre Carreu y Boumort. Su aislamiento, sus ruinas y la historia de quienes vivieron allí permiten descubrir una dimensión muy distinta de estas montañas.
Si quieres conocer primero la historia del lugar, puedes leer nuestro artículo sobre Herba Savina y su pueblo abandonado.
Y si prefieres descubrirlo sobre el terreno, consulta nuestra ruta guiada a Herba Savina, que puede combinarse con otros sectores de Boumort.
La diversidad vegetal de Boumort se explica por el amplio rango de altitudes y por los fuertes contrastes entre solanas y umbrías. En una superficie relativamente compacta encontramos casi todos los pisos de vegetación propios de esta parte del Prepirineo, salvo el alpino propiamente dicho.
Las zonas bajas y las laderas más soleadas tienen un carácter mediterráneo evidente. Aparecen carrascales y extensiones de matorral con especies adaptadas a la sequedad, entre ellas romero y diferentes plantas espinosas.
En cotas medias dominan muchos sectores los pinares de pinassa y pino silvestre. El roble ha quedado más restringido a barrancos, umbrías y sectores menos accesibles, aunque históricamente su dominio potencial era mucho mayor.
Los bosques no son homogéneos. Un mismo recorrido puede atravesar pinar cerrado, pequeños claros, antiguos campos y laderas donde la roca vuelve a dominar casi por completo.
En las zonas superiores aparece el pino negro y, por encima aproximadamente de los 1.800 metros, los bosques dejan paso gradualmente a prados de montaña y superficies rocosas.
La reserva alberga además plantas estrictamente protegidas como Aquilegia pyrenaica, Narcissus alpestris, Astragalus danicus, Thymelaea nivalis y Pulsatilla alpina.

La vegetación cambia con rapidez según la altitud, la orientación y la disponibilidad de agua.
El ciervo es la especie que más fácilmente asociamos a Boumort, pero la riqueza faunística de la reserva es bastante mayor.
La reserva mantiene una de las poblaciones de ciervo más importantes y estructuradas de los Pirineos. Fuera de la época de celo pueden encontrarse en diferentes sectores, aunque conviene recordar algo esencial: estamos hablando de fauna salvaje y ninguna observación está garantizada.
También viven aquí el rebeco o isard, especialmente ligado a zonas montañosas, y el corzo, más localizado. El jabalí es abundante en ambientes forestales y se mueve con frecuencia por carrascales y robledales en busca de alimento.
Entre los mamíferos más discretos aparecen zorro, tejón, garduña, marta, comadreja y gato montés. En general, muchos dejan ver sus rastros con más frecuencia que al propio animal.
Las paredes rocosas y las corrientes de aire convierten Boumort en un lugar excepcional para observar grandes aves. Aquí podemos encontrar quebrantahuesos, buitre leonado, alimoche y buitre negro.
El caso del buitre negro es especialmente interesante. La especie había desaparecido como reproductora de Cataluña y desde 2007 se desarrolló un proyecto de reintroducción en Boumort. El establecimiento de la población reproductora hizo de la reserva un lugar singular: en ella se reproducen las cuatro especies de buitres presentes en Europa.
La reserva dispone además de un observatorio específico para aves carroñeras, cuyo uso requiere autorización previa.

Las grandes paredes y las corrientes térmicas convierten Boumort en un territorio especialmente favorable para las grandes rapaces.
Observarlas no significa aproximarse. Con unos prismáticos, un telescopio terrestre o un teleobjetivo podemos seguir el vuelo y el comportamiento de las aves sin alterar su actividad.

Observar fauna en Boumort suele significar mirar lejos: prismáticos y telescopio permiten disfrutar del comportamiento natural sin acercarse a los animales.
A finales del verano y comienzos del otoño se produce uno de los momentos más conocidos del calendario natural de Boumort: la berrea o brama del ciervo.
Durante el celo, los machos emiten potentes bramidos para marcar su presencia y competir por el acceso a los grupos de hembras. En algunos momentos pueden producirse persecuciones, exhibiciones y enfrentamientos entre machos.
Habitualmente, el periodo más interesante se concentra entre mediados de septiembre y mediados de octubre, aunque las fechas exactas cambian según el año y las condiciones ambientales.

La berrea convierte el otoño en uno de los mejores momentos para observar el comportamiento de los ciervos en Boumort, siempre manteniendo la distancia y evitando cualquier molestia a los animales.
Las horas cercanas al amanecer y al atardecer suelen coincidir con una mayor actividad de los mamíferos. Eso no significa que debamos acercarnos. Un macho en celo puede resultar peligroso y, además, cualquier perturbación innecesaria ocurre en un momento especialmente importante para la reproducción.
Durante la berrea se establecen medidas específicas de ordenación de visitantes. Las zonas autorizadas, senderos recomendados y otras restricciones pueden cambiar de una temporada a otra, por lo que conviene comprobar siempre la información vigente antes de entrar.

La berrea coincide con uno de los momentos de mayor transformación del paisaje de Boumort: temperaturas más frescas, cambios de color y mayor actividad de los ciervos.
En MundoCanyon organizamos salidas guiadas para observar y escuchar la berrea del ciervo, utilizando 4×4, prismáticos y telescopio y adaptando la jornada a las condiciones y restricciones de cada temporada.
En Boumort no existe una lista cerrada de «monumentos imprescindibles». Parte de su interés está precisamente en conectar diferentes lugares y entender qué nos cuenta cada uno.
Con 2.077 metros, es la cota más alta de la reserva. Desde las zonas superiores se aprecia bien la sucesión de sierras del Prepirineo y el contraste entre bosques, prados, paredes y barrancos.
Es uno de los sectores más interesantes para comprender la geología de Boumort. Las laderas permiten reconocer claramente estratos marinos inclinados, mientras otros relieves cercanos están formados por conglomerados más jóvenes.
Un sector de carácter forestal, interesante tanto por la vegetación como por su contexto geológico y faunístico. En torno a Pentina aparecen además materiales mucho más antiguos que los grandes conjuntos cretácicos de otras partes de la reserva.
En Cuberes se encuentran naturaleza e historia humana. La Espluga de Cuberes es uno de los ejemplos más evidentes: construcciones levantadas dentro de grandes cavidades naturales y un sendero con vistas sobre el entorno de Collegats y Boumort.
El profundo barranco permite contemplar algunos de los contrastes geológicos del sector de Collegats. Además, forma parte de uno de los paisajes más abruptos de esta transición entre Pallars Jussà y Pallars Sobirà.
Es uno de los pasos naturales de la zona y un buen punto para apreciar el valle de Carreu y los sectores orientales de la reserva. También funciona como acceso a diferentes itinerarios.
Sus conglomerados rojizos y anaranjados contrastan con las rocas grises y marinas de Carreu. Resulta especialmente interesante porque a simple vista pueden compararse dos etapas muy diferentes de la historia de estas montañas.
Además de sus panorámicas, guarda el registro paleontológico del antiguo paisaje lacustre del Eoceno y los restos de mamíferos que vivieron en la zona hace aproximadamente 37 millones de años.
En el entorno inmediato de Boumort, el Congost de Collegats muestra cómo la Noguera Pallaresa ha excavado las calizas. L’Argenteria destaca por sus depósitos de toba calcárea, formados cuando el carbonato disuelto en el agua vuelve a precipitar sobre la pared.

Desde las zonas elevadas de Boumort, el paisaje se abre hacia una sucesión de sierras, barrancos y cuencas del Pallars.
Las dimensiones de la reserva hacen que no exista una única forma adecuada de visitarla. Hay recorridos que tienen sentido a pie, otros en los que el 4×4 permite superar largas aproximaciones y jornadas en las que combinar ambos medios resulta especialmente práctico.
Caminar permite detenerse en elementos que desde un vehículo pueden pasar inadvertidos: un fósil dentro de una roca, las huellas de un animal, cambios de vegetación, muros antiguos o la estructura de los estratos.
También abre la puerta a sectores a los que no llegan las pistas y permite convertir la montaña en el centro de la jornada, ajustando distancia y desnivel a la condición física del grupo.

Caminar permite percibir una escala del paisaje que desde las pistas forestales puede pasar desapercibida.
En MundoCanyon organizamos rutas de senderismo y trekking por el Pirineo y Prepirineo, adaptando el recorrido al nivel del grupo y a las condiciones del terreno.
Las distancias dentro de la reserva son grandes y muchas pistas atraviesan terrenos aislados. El 4×4 permite desplazarse entre sectores muy diferentes en una misma jornada y es especialmente útil para observación de fauna, fotografía o rutas donde el objetivo no sea acumular muchos kilómetros caminando.
No todas las pistas tienen el mismo estado. Lluvias, barro, hielo, nieve, desprendimientos o trabajos forestales pueden cambiar las condiciones de acceso, y algunos itinerarios no son adecuados para turismos convencionales.
Además, las rutas organizadas con vehículos dentro de la reserva están reguladas, por lo que es importante respetar la normativa y trabajar con empresas que dispongan de las autorizaciones necesarias.
En muchos casos no es necesario elegir entre vehículo y senderismo. El formato mixto permite utilizar el 4×4 para superar una aproximación larga y comenzar a caminar directamente en un sector de interés.
Así puede organizarse, por ejemplo, una jornada centrada en geología, fauna o patrimonio, entrando por una pista y dedicando después varias horas a recorrer senderos.

Combinar desplazamientos en 4×4 con tramos a pie permite adaptar la jornada al terreno, a la estación y a los objetivos del grupo.
Podemos organizar la jornada principalmente a pie, en 4×4 o combinando ambas opciones. El recorrido se adapta a la estación, al estado de las pistas, al tiempo disponible y al nivel del grupo.
La red de caminos permite muchas combinaciones. Estas son solo algunas referencias para entender las posibilidades; cada itinerario requiere comprobar previamente accesos, meteorología y condiciones del terreno.
Una opción relativamente corta desde la zona del refugio para alcanzar el punto culminante de la reserva. Es interesante por el paisaje de altura y las panorámicas sobre las sierras prepirenaicas.
Una alternativa más larga para quienes quieren convertir la subida a la cumbre en una verdadera jornada de montaña. Permite recorrer diferentes ambientes y apreciar mejor la dimensión del macizo.
Uno de los itinerarios más ricos en lectura del paisaje: conglomerados, grandes paredes, cavidades, antiguos asentamientos y sectores del entorno de Collegats.
Si el objetivo principal es visitar el asentamiento, puedes consultar nuestra excursión a Espluga de Cuberes.
Más que una única ruta, Carreu permite diferentes recorridos y aproximaciones. Es un sector especialmente recomendable para quien quiera comprender la geología, observar grandes paredes y recorrer paisajes abiertos.
El antiguo camino hacia Herba Savina conecta el paisaje de Pessonada y Carreu con uno de los pueblos abandonados más singulares del Pallars Jussà. Puede plantearse como trekking o integrarse en una jornada más amplia con aproximación en 4×4.
Para conocer mejor la historia del lugar, puedes leer nuestro artículo Herba Savina: historia de un pueblo abandonado.
Ver la ruta guiada a Herba Savina →
No existe una única respuesta. Boumort funciona precisamente porque cada estación muestra un territorio distinto.
La primavera es una época muy adecuada para senderismo. Las temperaturas suelen resultar más cómodas que en pleno verano, aumentan las horas de luz y la vegetación entra en uno de sus momentos de mayor actividad.
También es buena temporada para observación de fauna, aunque las condiciones en las cotas altas pueden seguir siendo invernales al inicio de la estación.
Los días largos facilitan itinerarios extensos y permiten aprovechar mejor las zonas elevadas. Sin embargo, el calor puede ser intenso en las cotas bajas y en los sectores expuestos.
Conviene empezar temprano, llevar más agua de la que pensamos necesitar y no subestimar la falta de sombra en muchos recorridos.
El otoño es probablemente la estación que más transforma Boumort en poco tiempo. Coinciden la berrea del ciervo, los colores de algunos bosques caducifolios, temperaturas generalmente agradables para caminar y una luz especialmente interesante para fotografía.
También es un periodo sensible para la fauna. Durante la berrea deben respetarse estrictamente los recorridos y restricciones establecidos cada temporada.

El otoño transforma los bosques de Boumort y coincide además con uno de los periodos más interesantes para observar el comportamiento de los ciervos.
La nieve cambia completamente la reserva. Algunas pistas pueden quedar cerradas o resultar impracticables, mientras los bosques y las zonas altas adquieren un aspecto mucho más austero.
Cuando las condiciones lo permiten, determinados sectores pueden recorrerse con raquetas de nieve. En MundoCanyon organizamos también excursiones con raquetas de nieve en el Pirineo de Lleida, pero para Boumort la ruta concreta debe adaptarse siempre al espesor y estado de la nieve.
Boumort es una reserva de fauna y no un espacio recreativo sin restricciones. Las normas pueden cambiar temporalmente por motivos de conservación, gestión, riesgo de incendio, nieve o trabajos forestales, así que es recomendable consultar la situación antes de cada visita.
Los animales de Boumort no están habituados para ser fotografiados de cerca. Utiliza prismáticos, telescopio o teleobjetivo. Si un animal cambia de dirección, se aleja o modifica su comportamiento por tu presencia, estás demasiado cerca.
Durante el celo hay que mantener una distancia especialmente prudente respecto a los machos de ciervo. Además del estrés causado al animal, un macho en celo puede reaccionar de forma peligrosa.
El patrimonio paleontológico está protegido. Encontrar un fósil durante una ruta no significa que podamos extraerlo y llevárnoslo.
Un fósil tiene valor precisamente por su posición, la roca que lo contiene y su relación con el entorno. Sacarlo destruye parte de la información científica y convierte un recurso que podía ser observado por miles de personas en un objeto privado.
El caso de los Micraster es especialmente ilustrativo: los materiales del curso de interpretación geológica de Boumort advierten de que cada vez resulta más difícil observarlos en determinadas áreas a causa del expolio sufrido en el pasado.
Observar forma parte de la experiencia; llevarse una pieza del paisaje, no.
El material depende de la actividad y de la estación, pero hay algunos elementos que conviene llevar incluso en recorridos sencillos:
No conviene depender exclusivamente del teléfono. En zonas interiores la cobertura puede ser limitada o inexistente.
Para fotografía de fauna es mucho mejor un teleobjetivo que intentar reducir físicamente la distancia hasta el animal.
La reserva puede visitarse por libre utilizando las pistas y caminos abiertos al uso público. Para personas acostumbradas al medio de montaña, con experiencia de orientación y una ruta previamente estudiada, es perfectamente posible organizar una jornada de forma autónoma.
Un guía local aporta otro tipo de valor. No consiste simplemente en indicar el camino.
Permite adaptar el itinerario al estado real de las pistas, la meteorología y la estación; interpretar rastros y comportamiento animal; explicar por qué una roca, una pared o una antigua construcción se encuentran precisamente allí; y evitar perder una gran parte del día en aproximaciones que no responden al objetivo de la excursión.
En actividades como la berrea o la observación de grandes rapaces, el conocimiento de los horarios, sectores y distancias apropiadas es especialmente útil.
MundoCanyon trabaja desde La Pobla de Segur y organiza actividades de montaña y naturaleza por el Pallars y otros sectores del Pirineo y Prepirineo. Puedes consultar también nuestras actividades de aventura y rutas por los Pirineos.
Es posible recorrer Boumort varias veces y regresar con recuerdos completamente distintos.
Un día puede estar marcado por una pareja de buitres sobrevolando una pared. Otro, por el sonido de un ciervo que todavía no vemos. En otra excursión lo más interesante puede ser descubrir un fósil marino en una piedra o entrar bajo una gran balma y pensar en las familias que vivieron allí.
La niebla puede ocultar una montaña que unas horas después aparece completamente iluminada; un bosque de verano apenas se parece al mismo lugar en octubre; y una pista sencilla en septiembre puede quedar inaccesible después de una nevada.
Quizá por eso Boumort no funciona demasiado bien como una lista de lugares que hay que «tachar». Funciona mejor cuando se entiende como un territorio: geología, fauna, bosques, pueblos, caminos y millones de años de historia superpuestos en el mismo paisaje.

En Boumort no hay dos jornadas iguales: la luz, las nubes, la fauna y las estaciones cambian constantemente la percepción del territorio.
No existe una única manera de conocer Boumort. Podemos dedicar la jornada al trekking, recorrer diferentes sectores en 4×4 o combinar vehículo y senderismo para aprovechar mejor las distancias.
En otoño, el objetivo puede ser la berrea del ciervo; en otra época, la geología, la observación de fauna, una subida al Cap de Boumort o la visita a antiguos asentamientos como Espluga de Cuberes y Herba Savina.
Adaptamos la salida a la época del año, las condiciones del terreno, el estado de las pistas, el nivel físico y los intereses del grupo.
La Reserva Nacional de Boumort se encuentra en el Prepirineo occidental de Cataluña, entre los valles de la Noguera Pallaresa y del Segre. Su territorio se reparte entre las comarcas del Pallars Jussà, Pallars Sobirà y l’Alt Urgell.
Sí. Se puede circular por la red de pistas y caminos abiertos al uso público respetando la señalización y las restricciones vigentes. Determinadas actividades, rutas organizadas y accesos pueden estar regulados, especialmente durante periodos sensibles como la berrea del ciervo.
Depende del objetivo. Primavera es muy adecuada para senderismo y naturaleza; verano permite aprovechar jornadas largas y cotas altas; otoño combina berrea, colores del bosque y temperaturas agradables; y en invierno, cuando hay nieve suficiente, algunos sectores pueden recorrerse con raquetas.
Generalmente se produce entre mediados de septiembre y mediados de octubre, aunque el periodo exacto depende de las condiciones de cada año. Durante estas semanas se aplican normas específicas para reducir las molestias a los animales.
Algunos accesos pueden realizarse con vehículos convencionales, pero una parte importante de la red interior está formada por pistas forestales. Su estado cambia con lluvias, nieve y trabajos de mantenimiento. Para determinados recorridos es recomendable un vehículo 4×4 y experiencia en conducción por pistas.
Entre las especies más conocidas están el ciervo, rebeco, corzo y jabalí. También viven numerosos carnívoros y aves forestales. En las paredes y cielos de la reserva pueden observarse quebrantahuesos, buitre leonado, alimoche y buitre negro, además de otras rapaces.
Uno de los lugares más singulares es Espluga de Cuberes, un asentamiento troglodítico construido bajo grandes balmas. También puede visitarse Herba Savina, un antiguo núcleo de montaña del entorno de Carreu y Boumort. Si quieres conocer su historia antes de hacer la ruta, puedes leer también nuestro artículo sobre el pueblo abandonado de Herba Savina.