
En pocas palabras:
Hay pueblos abandonados en los Pirineos que parecen haberse quedado detenidos en el tiempo. Casas sin tejado, antiguos caminos casi borrados por la vegetación y campos que el bosque ha ido recuperando poco a poco. Herba Savina es uno de ellos, pero su historia es bastante más compleja de lo que sugieren sus ruinas.
Este pequeño núcleo del Pallars Jussà pasó de albergar a varias familias dedicadas a la agricultura y la ganadería a quedar completamente despoblado. Entre ambos momentos se sucedieron décadas de aislamiento, cambios profundos en el mundo rural pirenaico y un episodio especialmente oscuro: el asesinato de una familia de masoveros en 1943, un crimen que nunca terminó con una condena.
Hoy Herba Savina vuelve a atraer visitantes por razones muy diferentes. Su ubicación, el paisaje de la Serra de Carreu y Boumort, la memoria de quienes vivieron aquí y los caminos históricos que conducen hasta sus ruinas hacen del lugar uno de los rincones más singulares del Prepirineo de Lleida.

Herba Savina —también escrito Herba-Savina o Herba-savina— pertenece actualmente al municipio de Conca de Dalt, en la comarca del Pallars Jussà.
El antiguo núcleo se encuentra en la zona de Carreu, cerca de Pessonada y dentro de un territorio caracterizado por grandes extensiones de bosque, paredes rocosas, barrancos y pequeños núcleos rurales muy dispersos.
Su ubicación permite entender buena parte de su historia. Hoy llegar hasta aquí forma parte del atractivo de la excursión, pero durante siglos esa misma distancia respecto a los principales núcleos de población condicionó profundamente la vida de sus habitantes.
No había carreteras como las actuales, los desplazamientos se realizaban a pie o con animales y buena parte de la actividad económica dependía directamente de lo que podían producir los campos, los bosques y el ganado.
A principios del siglo XX todavía vivían en Herba Savina alrededor de una docena de familias. Como en tantos pequeños núcleos del Pirineo y Prepirineo, la casa no era únicamente una vivienda: era el centro de una pequeña unidad económica basada en tierras, ganado, bosque y trabajo familiar.
La vida estaba estrechamente vinculada al territorio. Los caminos comunicaban Herba Savina con Pessonada y con las masías repartidas por Carreu, mientras que las relaciones entre las diferentes casas eran fundamentales en una zona donde la distancia respecto a los grandes pueblos hacía necesario depender de los vecinos.

Pero el aislamiento tenía otra cara. La propiedad de una parcela, el aprovechamiento de un bosque, el paso del ganado o los límites entre fincas podían convertirse en asuntos de enorme importancia para familias cuya supervivencia dependía directamente de la tierra.
Ese mundo rural comenzó a cambiar rápidamente durante el siglo XX. Las ciudades ofrecían salarios y servicios que los pequeños pueblos de montaña no podían proporcionar, las nuevas carreteras alteraron las comunicaciones y la agricultura tradicional dejó de ser suficiente para mantener a muchas familias.
Herba Savina fue perdiendo habitantes poco a poco. Sin embargo, antes de que el proceso de despoblación llegara a su etapa definitiva, el lugar quedó asociado a uno de los episodios criminales más conocidos de la historia reciente del Pallars.
En 1943, en las masías de Carreu, una familia de masoveros formada por un matrimonio y sus dos hijas fue asesinada. La matanza conmocionó a los habitantes de Herba Savina, Pessonada y las masías y pueblos vecinos.
Sin embargo, la noticia apenas llegó al resto del país. España se encontraba en los primeros años de la dictadura franquista y la información sobre un asesinato múltiple en una remota zona rural del Pirineo tuvo muy poca difusión.
El aislamiento del territorio tampoco facilitaba una investigación. Carreu era un mundo de casas dispersas, caminos de montaña y pequeñas comunidades donde prácticamente todos se conocían y donde las relaciones familiares, económicas y vecinales podían prolongarse durante generaciones.
El asesinato quedó grabado en la memoria colectiva de la zona. Durante décadas continuaron circulando relatos sobre lo ocurrido y sobre los posibles motivos del crimen.

La investigación no terminó con una condena y el asesinato quedó oficialmente sin resolver.
El caso continuó generando preguntas durante años. Los cuerpos de las víctimas llegaron a ser exhumados para realizar nuevas comprobaciones, pero tampoco aquello permitió cerrar judicialmente el crimen.
Lo que ocurrió en Carreu se fue convirtiendo así en una historia transmitida entre generaciones. En un territorio de poca población, el recuerdo permaneció vivo mucho después de que el expediente judicial dejara de avanzar.
Con el paso del tiempo, la desaparición progresiva de las masías y el abandono de Herba Savina añadieron otra dimensión al relato: muchos de los escenarios vinculados con aquellos acontecimientos terminaron también vacíos.

Setenta años después del crimen, el escritor Pep Coll, nacido en la cercana Pessonada, recuperó esta historia en la novela Dos taüts negres i dos de blancs.
Coll dedicó alrededor de tres años a investigar los acontecimientos y reconstruir las biografías de las personas relacionadas con ellos. La novela fue publicada en 2013 y convirtió un episodio conocido principalmente en el Pallars en una historia que llegó a lectores de toda Cataluña.
El libro va mucho más allá de la reconstrucción de un asesinato. A través del crimen retrata un mundo rural hoy prácticamente desaparecido: las masías aisladas, la dependencia de la tierra, las jerarquías familiares, las disputas por propiedades y las relaciones entre personas obligadas a convivir en un territorio con muy pocas vías de escape.
Dos taüts negres i dos de blancs obtuvo posteriormente el Premi Crexells y otros reconocimientos literarios.
La relación entre literatura y territorio continúa viva. En 2026, Conca de Dalt puso en marcha una ruta literaria inmersiva inspirada en la obra, con un recorrido desde Pessonada hasta Herba Savina que permite acercarse a los escenarios vinculados con la historia.

El crimen forma parte de la memoria del lugar, pero no fue la causa del abandono de Herba Savina. La despoblación debe entenderse dentro de un proceso mucho más amplio que afectó a numerosos pueblos y masías de los Pirineos durante el siglo XX.
A principios de siglo vivían en el pueblo alrededor de doce familias. En 1964 quedaban solamente cuatro.
Ese mismo año se produjo un acontecimiento decisivo. La administración forestal del Estado adquirió el pueblo y sus terrenos dentro de las políticas de compra y reforestación que transformaron amplias zonas rurales de montaña durante aquellas décadas.
No todos los vecinos quisieron marcharse inmediatamente. Una de las familias se negó a abandonar su casa y sus tierras y permaneció allí durante otros cinco años.
La convivencia con el nuevo uso forestal del territorio se hizo cada vez más difícil. Las fincas cercanas fueron repobladas con pinos y mantener el ganado y los campos tradicionales se convirtió en una tarea complicada.
Finalmente, en 1969, aquella familia abandonó Herba Savina y se trasladó a La Pobla de Segur. El proceso de despoblación ya era prácticamente irreversible.
La historia se repitió, con circunstancias diferentes, en numerosos núcleos pirenaicos: desaparecieron actividades tradicionales, las nuevas generaciones buscaron trabajo en poblaciones mayores y mantener servicios básicos para comunidades diminutas resultaba cada vez más difícil.

Caminar hoy por Herba Savina significa recorrer las huellas de un pueblo que la naturaleza está recuperando lentamente.
Quedan ruinas de antiguas viviendas, muros de piedra, espacios que fueron utilizados para el ganado y restos de la estructura del núcleo. Algunos edificios han perdido completamente las cubiertas y otros apenas conservan parte de sus paredes.
No se trata de un museo ni de un pueblo reconstruido. Precisamente ahí reside buena parte de su interés: permite observar directamente qué ocurre cuando un núcleo rural deja de estar habitado durante décadas.
La vegetación ocupa antiguos campos, los senderos sustituyen a las calles y el paisaje que rodeaba la actividad humana vuelve progresivamente a dominar el territorio.
Al visitar las ruinas es importante recordar que se trata de estructuras antiguas y deterioradas. No es recomendable entrar en edificios inestables ni subir sobre muros, tanto por seguridad como para evitar acelerar su degradación.

La historia es solo una parte del atractivo de Herba Savina. El otro gran protagonista es su entorno natural.
El pueblo se encuentra junto a uno de los espacios más interesantes del Prepirineo: el territorio de Carreu y la Serra de Boumort, caracterizado por extensos bosques, grandes paredes de roca y una densidad de población humana muy baja.
Boumort es especialmente conocido por su fauna. Los paisajes abiertos y los bosques de la zona constituyen hábitat para numerosas especies de montaña y hacen que caminar por este territorio sea una experiencia muy diferente a recorrer rutas próximas a los grandes centros turísticos del Pirineo.
En otoño, además, la zona es conocida por la berrea del ciervo, uno de los espectáculos naturales más característicos de Boumort.
La combinación de patrimonio rural, historia y naturaleza hace que la excursión a Herba Savina no sea simplemente una visita a unas ruinas. El antiguo pueblo ayuda a comprender cómo la presencia humana modeló este paisaje durante siglos y cómo este ha vuelto a transformarse después de la despoblación.

Una de las formas más interesantes de descubrir el pueblo es hacerlo a pie desde Pessonada, recuperando el antiguo camino que utilizaban sus habitantes.
El Camí vell d’Herba-savina sale de la parte antigua de Pessonada y continúa por un antiguo camino de herradura situado al pie de la impresionante pared rocosa de la zona. El itinerario conduce hasta las ruinas de Herba Savina y permite comprender mucho mejor el aislamiento que marcó la vida de este pequeño núcleo.
El recorrido completo requiere algo más de tres horas entre ida y vuelta, aunque la duración dependerá del ritmo, las paradas y el itinerario elegido.
También existe un acceso por pista hasta la zona de la Font de les Trilles, desde donde Herba Savina queda aproximadamente a quince minutos caminando. Sin embargo, llegar siguiendo el antiguo camino desde Pessonada permite convertir la visita en una auténtica ruta de senderismo y disfrutar mucho más del paisaje.

En MundoCanyon proponemos descubrir Herba Savina siguiendo a pie los antiguos caminos que comunicaban los pequeños pueblos de la Conca de Dalt.
La excursión combina senderismo, naturaleza, patrimonio e historia: recorreremos el paisaje de Carreu, conoceremos cómo vivían los habitantes de estos pequeños núcleos y llegaremos finalmente hasta las ruinas del pueblo abandonado.
Si quieres realizar el recorrido acompañado por un guía y descubrir las historias que se esconden detrás del paisaje, consulta nuestra ruta de senderismo a Herba Savina.

Herba Savina no es solamente uno más de los numerosos pueblos abandonados que salpican los Pirineos. Sus ruinas condensan buena parte de las transformaciones que experimentó el mundo rural durante el siglo XX.
Las familias que vivían de la tierra, el aislamiento, el crimen que marcó la memoria de toda una comarca, la marcha progresiva de los vecinos y la posterior recuperación del territorio por el bosque forman distintas capas de una misma historia.
Hoy el silencio domina el lugar. Pero basta recorrer el antiguo camino desde Pessonada y caminar entre los muros de Herba Savina para descubrir que, aunque el pueblo haya perdido a sus habitantes, todavía conserva muchas historias que contar.
En MundoCanyon organizamos excursiones guiadas a Herba Savina adaptadas a cada grupo. Puedes llegar siguiendo los antiguos caminos a pie, recorrer el territorio en 4×4 o elegir una experiencia combinada de trekking y todoterreno.
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